Candente

Recuerdo cómo te gustaba dejar caer las palabras como si de la ceniza de un cigarro se tratase. Salían de tu boca ya quemadas, calcinadas. Palabras polvo. Por eso éramos mejor en silencio, porque siempre supiste hacer carbón con tus labios.

Y ahora, después de tanto, qué cruel que eche de menos tu voz solo porque quiera probar de nuevo la pólvora.

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Imperio

Eras inmensidad, horizonte y escarcha. Eras acantilado, inundación y disparo.

Eras titánico. Eras todo lo grande que quisiste ser, sin importar los huesos o las ruinas.

Pero hoy, no. Pero hoy, solo yo.

Y ahora tengo tu reinado en la punta de los dedos.

Júpiter

Podría pasar el otoño escribiendo historias de viajeros espaciales que han guardado el universo en sus pupilas para hacer infinito todo lo que miran.

Podría pintar mi bandera en tu órbita de estrellas y proclamarme reina de la constelación que son tus lunares.

Podría bailarte los mares de cualquier galaxia aunque hayas vuelto a partir la luna por la mitad y ahora el cielo se ahogue en un eclipse a medias.

Podría hacerme astronauta y declarar que por fin he encontrado mi propio planeta solo porque tú estás aterrizando en él.

Podría vivir Noviembre así; convenciéndome de que -aunque seas un cometa- esta vez seremos polvo los dos.

Alas

Existen amores turbulentos. Amores drásticos con hambre voraz, amores insaciables que quieren violentamente. Amores ímpetu.

Existen amores salvavidas. Amores serenos que beben equilibrio, amores pacíficos que quieren prudentemente. Amores burbuja.

Existen amores huracanes y amores arrecife, amores esqueléticos y amores recios, amores efímeros y amores imperecederos.

Ninguno de ellos es igual pero todos tienen algo en común; el amor o es libre o no es.

Hito

“Yo no creo en las despedidas.
Quien se quiere ir, toma sus cosas y se va.
Quien avisa,
es porque quiere que lo detengan.
De mí no te despidas,
que yo sabré si te extraño
o te olvido.” D.M.

 

Cerrar círculos es mentira. Las cosas acaban cuando uno quiere que se acaben. Si alguien guarda algo o le pesa algo adentro, es porque no ha querido dejarlo ir.

Dejar ir significa perder para siempre; y perder algo para siempre es difícil de aceptar y más aún de llevarlo a la práctica. Porque no se trata de deshacer sin más, se trata de deshacerse de algo (o alguien) que ha sido una extensión de ti; y desprenderse de uno mismo, duele. Borrar parte de ti, duele. Vaciarse, duele.

Lo de los círculos es una etiqueta. Nos lo inventamos como excusa para tener una última conversación que sirva para cicatrizar, porque no sabemos sangrar solos.

Lo curioso es que para lograr todo eso -deshabitarse- se necesita una única cosa y es fuerza de voluntad; y la voluntad nace de dentro. Consecuencia (o conclusión): hay que derramarse solo. En singular. 

Por eso las cosas acaban cuando uno quiere que se acaben, porque las luchas internas le pertenecen a uno mismo; y está en ti decidir si renunciar a ese algo (más bien alguien, para qué engañarnos más) para siempre u otorgarle permanencia infinita.