Tinta

Todo el tiempo entre cartas. Las que ya nadie escribe. Las que ya nadie manda. Tengo todas las maneras de cantarte mis desvelos y lo hago en esta postal que vete tú a saber si alguna vez la enviaré, si alguna vez la leerás.

No digo nada importante, no cuento todas las verdades, no explico por qué me rendí, no muestro las lecciones que aprendí.

Las tripas me rogaron que huyese. Rápido, pronto, inmediatamente. Como si fuese fácil para el que se va decidir qué llevar en la maleta. Yo metí los días impares y las canciones que me sabía de memoria; y ya apenas me suenan.

Presenté mi renuncia. Sin forzar, sin pensar, sin preguntarme qué sucedería mañana y sin saber si mi ropa volvería a echarte de menos o acabarías en un cajón.

Me fui porque darte más era quedarnos sin nada, y aunque vivir sin ti es otra cosa, ya no tengo hogar.

Reto

Prisionero.

De tus palabras y silencios. De tus actos y abandonos. De tu raciocinio y sueños. De tu entendimiento y omisiones. De tu desarrollo y destierros. De tus emociones e indiferencias.

Rehén de todo ello, sí, pero libre también.

De lo que dices y lo que callas. De lo que haces y a lo que renuncias. De lo que piensas y lo que imaginas. De lo que aprendes y lo que olvidas. De lo que cultivas y lo que juzgas. De lo que sientes y lo que ya no.

Lo importante aquí es decidir.

Sobrevivirse o claudicar. 

Queroseno

No te acabas nunca.

Eres como echarle leña al fuego, como el que escupe gasolina en pleno incendio. Eres como el fósforo en la cerilla, como el que vierte petróleo a las llamas.

Eres calor aunque dentro de ti todo sea frío. No has entendido que el deshielo también abrasa, que ser madera mojada no impide hacer arder.

No te acabes nunca; pero no me quemes.

Desa(r)mar

Me he saltado un latido. He sentido que me detenía solo un segundo; como cuando le das cuerda a un reloj y espera que lo mires para empezar a funcionar.

He perdido el pulso. El que aposté contra ti en este juego de fuerza donde adivinaste el engranaje de mis muñecas desmontando la vida a cuatro manos.

Aprovechaste una de mis contracciones para arrojar las espadas al suelo cansado ya de mirar mi espalda que una vez fue oasis y no desierto. Me volví arena y tú tenías sed. 

Y ahora, que estamos a trozos, me pregunto quién dejó de palpitar antes.

Miscelánea

Supongo que se puede ser muchas personas a la vez y a la vez no reconocerse en ninguna de ellas. Prueba a mirarte al espejo y dime si te ves.

Supongo que el equilibrio es imposible aunque la balanza esté en la misma proporción. Y cómo se explica eso. Y por qué siempre gana uno si pesan los dos igual.

Supongo que hay jaulas abiertas, no para echar a volar sino para dejar entrar. No malinterpretes, que el viento te peine no significa cambiar de aires.

Supongo que por miedo se puede estar a la misma distancia entre el disfraz y la piel. Que muchas veces estar desnudo no significa estar desprotegido. Que quitarse la máscara es empezar a ser.

Supongo que nos hacemos los dolidos porque otros no dijeron lo que queríamos oír. Hasta que nos llega el turno y comprendemos que hay palabras que te saben extrañas en la lengua. Que ya no encajan. Quién te escuchaba y quién no te oye más. Cuidado con no prestarse atención a uno mismo, que estás gritando y no te enteras. A ver cuándo te salvas.

Supongo que caos no es desorden. Que inspirar no es conservar dentro. Que quemarse no es arder. Que arriesgarse también es desintoxicarse. Que ser muchas cosas no significa dejar de ser una.

Supongo que se trata de reencontrar(se).